La
producción de alimentos es insostenible. Utiliza nitrógeno sintético, fósforo
mineral, un uso masivo de agua que representa el 70 % del agua extraída de los
acuíferos, arroyos y lagos, aplica intensivamente pesticidas, consume una
energía fósil que multiplica por más de diez la energía de los alimentos que
ingerimos (Torres et al. 2013), y en
términos energéticos, se pierde en residuos más del 80 % de la producción
agroganadera antes de procesarse.
Bajo estas condiciones, la demanda de
superficie arable, tendría que aumentar entre un 70 y un 110 % en 2050, lo que
llevaría a cabo un proceso mundial de deforestación, aparte de una degradación
creciente de los suelos fértiles. El 35 % del grano mundial se emplea para
alimentar al ganado. Reducir el consumo de carne en un 10 % pero suministrando
las mismas calorías, reduciría el consumo de combustibles fósiles en un 6 % y
los requerimientos de superficie cultivada en un 13.5 %. Los alimentos
desperdiciados en últimas etapas son críticas en el ahorro. Según la FAO y
otros autores se podría aumentar el rendimiento de los cultivos por hectárea
entre el 45 y el 75 % si se aplicara eficientemente la tecnología actual (FAO,
2017; Waggoner et al., 2002) (VALERO 2021, pág. 37)
Bibliografía
VALERO, A. (2021): Nuevos materiales, nuevas
tecnologías y nuevos retos de la transición ecológica. edit. por ambienta.
Zaragoza (128).
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